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Jueves 10 de Junio de 2010

Jesús Abarca Barquero:
EL FUNCIONARIO PÚBLICO AL SERVICIO DE CHILE MÁS ANTIGUO JUBILÓ EN COSTA RICA

  • Ingresó a la Embajada de Chile en 1963 durante el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez y jubiló el pasado 5 de abril. Tras 46 años y 11 meses, trabajó junto a 16 embajadores y 9 gobiernos
  • Jesús Abarca Barquero, un costarricense de 62 años, fue homenajeado en la Embajada de Chile en Costa Rica tras jubilarse y cumplir casi 47 años al servicio del Estado de Chile.

    El 1 de mayo de 1963, cuando tenía apenas 15 años comenzó a trabajar en la misión diplomática contratado como junior por el Embajador Manuel Tello durante el gobierno del Presidente Jorge Alessandri. El 5 de abril de 2010, se acogió a jubilación ostentando el récord como el funcionario público chileno más antiguo.

    Durante su labor en la embajada chilena en Costa Rica, vio pasar los gobiernos de Alessandri, Frei Montalva, Allende, Pinochet, Aylwin, Frei Ruíz-Tagle, Lagos, Bachelet y se retiró casi un mes después de la asunción de Sebastián Piñera…. Esta es la historia de Jesús Abarca Barquero, el costarricense que se convirtió en el empleado público extranjero con más años al servicio de Chile.

    Jesús Abarca Barquero (62 años) nació el 5 de mayo de 1948, en la Garita de Alajuela, un populoso barrio de San José en Costa Rica. Su madre, Lidia Barquero Molina, era la jefa de hogar de una familia de 4 hermanos (María de Los Ángeles, Mercedes, Jesús y Ángel Gonzalo) y fue quien debió enfrentar con mucho esfuerzo la tarea de mantenerlos y educarlos.

    Jesús recuerda que su padre murió teniendo él 4 años, por lo que Doña Lidia puso una “ovoteca”, una venta de huevos para mantenerlos. Su madre compraba huevos a los camiones distribuidores y los vendía como comerciante minorista. “El negocio no era para hacerse rico, pero tampoco era malo –señala-  porque en esa época comprar un huevo costaba un dólar y comprar un dólar costaba un huevo”, acota riéndose.


    Trabajo y escuela nocturna para poder vivir “los años locos”

    Sin embargo, no eran tiempos fáciles, y Jesús, que era el mayor de los hombres de la familia, debió trabajar desde los 11 años asoleando los granos de café en un beneficio de Heredia. Así comenzó a ayudar a su madre a mantener a sus otros hermanos y pudo financiarse “los gustitos de los años locos”, el nuevo estilo de vida de la generación rebelde de principios de la década de los ’60.

    Además del trabajo en el beneficio de café, como casi cualquier adolescente, Jesús se la pasaba bien con sus amigos de la nocturna de la escuela primaria de Tibas y del Liceo de Costa Rica. “Siempre quise ser baterista... me fascinaba la música y tenía un vecino baterista. Todos queríamos ser como nuestros ídolos del momento: Los Beatles, Elvis Presley, Paul Anka. Entonces tenía todos los LP de acetato que compraba en “Discolandia”, en el centro de San José cerca de la Libreria Universal. Al final los tuve que vender mi colección de discos para pagarme mis estudios… También nos ibamos al “Cine Variedades” y al “Cine Más Moderno”, que de moderno no tenía nada, era un cine viejón que terminó quemándose. Allí veíamos las cintas de Enrique Guzmán, Alberto Vásquez, Franky Avalo... Todos los sábados y domingos, junto a otros 15 amigos del barrio nos ibamos a bailar al “Salón Los Ranchos de Río Oro” en Santa Ana y al “Salón Versalles” en Sabanilla, después de pasar la tarde en la piscina de “Los Lagos de Lindora”, que era un club campestre. 46 años después, ya no queda ni la disquería, ni el cine, ni las pistas de baile…”.


    Ferretería, Palacio Arzobispal y la Embajada de Chile

    En 1961, Jesús Abarca se convirtió a los 13 años en el principal sostén de su familia, cuando comenzó a trabajar en la ferretería “El Esfuerzo” de Don Desiderio Oreamuno, cerca de la Estación de Trenes al Pacífico.

    “Allí fui durante un año dependiente…trabajaba hasta las 5 de la tarde con un overol atendiendo público y vendiendo tornillos, clavos, palas, alicates, martillos, pegamentos. Era entretenido porque tenía mucha relación con el público y desde entonces me nació el gusto por hablar, hablar y hablar... Entonces ganaba 250 colones mensuales, lo que me alcanzaba para ayudar en la casa y pagarme mis salidas. Entre las 6 de la tarde y las 11 de la noche estudiaba en el Liceo”.

    Al año siguiente, 1962, se cambió de trabajo por 100 colones más. El Arzobispo de San José, Monseñor Carlos Humberto Rodríguez, lo contrató por 350 colones mensuales como estafeta y recepcionista en el Palacio Arzobispal. Admite que el trabajo lo consiguió por “cuña” y no por mérito propio. La hermana del arzobispo, Lilian Rodríguez, lo recomendó porque la madre de Jesús le lavaba y planchaba semanalmente la ropa. “Aunque mi nombre, Jesús, algo habrá ayudado”, se defiende.

    Sin embargo, a los 15 años, este Jesús era más diablillo que ángel… y un año después de comenzar a trabajar en el arzobispado, ya le sacaba a escondidas el automóvil personal a Monseñor Rodríguez Quiroz. Así aprendió a manejar, arrancándose de la Catedral al Parque de La Sabana… hasta que un día se estrelló contra un muro. Aunque el arzobispo le perdonó la vida, el cargo de conciencia lo hizo renunciar.

    Así, un Ford Taunus celeste y destrozado fue el final de su carrera en la Iglesia Católica y el ticket de entrada al trabajo de toda su vida: la Embajada de Chile en Costa Rica.


    1963 – 2010: 47 años en la Embajada de Chile

    1963 – 1973: Los años de aprendizaje durante la antigua república

    “Mi cuñado, esposo de mi hermana mayor María de los Ángeles, era teniente de la guardia civil, y hacía ronda por el barrio Escalante. Un día se encontró con el embajador de Chile que estaba fuera de su residencia regando el jardín. El embajador le comentó que necesitaba una persona para realizar labores de junior en la embajada y mi cuñado me avisó para que fuera a pedir el empleo”, recuerda Jesús.

    El embajador era Manuel Tello, designado en el cargo por el Presidente Jorge Alessandri. El día era el 3 de mayo de 1963. Esa mañana, Jesús Abarca, faltando dos días para cumplir los 15 años, llegó a un viejo edificio de tres pisos en pleno centro de San José. Al embajador le bastó la referencia de su trabajo en el Palacio Arzobispal y lo contrató “al tiro” con fecha 1° de mayo como misceláneo (labores de limpieza, despacho de correspondencia y trámites diversos). Jesús se integraba así a un equipo compuesto por la Cónsul Rebeca Reyes, la secretaría Elba Riquelme y el chofer “Don Juan”.

    Entre 1963 y 1973, la Embajada de Chile compartía la tercera planta con la radio Musical Juvenil, a media cuadra del Correo Central de Costa Rica. En esos años, Chile no tenía una sede propia y, por apuros económicos, debía convivir en el destartalado edificio con consultorios dentales, oficinas aduaneras, corredores marítimos, oficinas de abogados y pequeños negocios.

    Durante esos primeros diez años, Jesús hizo de todo y aprendió bien el funcionamiento de una sede diplomática. “Al comenzar el gobierno de Don Eduardo Frei Montalva –recuerda- estuvimos casi dos años, el ‘64 y el ‘65, sin embajador y sin cónsul. La embajada era manejada por un adicto civil, un comerciante chileno que tenía un nombre de mayonesa, Don José McCormick, que no tenía mucho tiempo para la embajada. Entonces, tenía que hacer de todo, era el estafeta, pero también atendía el consulado y hasta pronuncié discursos para el 18 de septiembre ante la comunidad chilena en el Parque Morazán”.

    En 1966, el Presidente Frei Montalva designó como embajador a Edgardo Barrueto. Entonces, Jesús Abarca había terminado de estudiar secretariado en la Academia Castro Carazo, por lo que el embajador Barrueto le asignó la atención del consulado. También desempeñó esa labor cuando Enrique Rodríguez reemplazó a Barrueto y asumió como embajador hasta 1970.

    Con la victoria de Salvador Allende en Chile vinieron nuevos cambios. El senador socialista, René Frías, asumió como embajador; Bernardo Gómez fue nombrado Cónsul y Ubaldo Cornejo Orellana, agregado cultural y de prensa. Sin embargo, por su experiencia anterior, Jesús siguió atendiendo el consulado como asistente del nuevo cónsul.

    “Eran años muy convulsionados, muchos chilenos vinieron a vivir a Costa Rica, eran comerciantes, médicos, empresarios, que tenían miedo a los cambios que estaban viviendo en Chile, en todos lados se hablaba de la revolución socialista. También muchos estudiantes ticos se regresaron por el cambio de Gobierno. Entonces yo tenía 22 años y no entendía mucho lo que pasaba, porque todo era muy rápido, si hasta me casé por primera vez el año 1970 y un año después tuve a mi primera hija, Marta Irene”.


    1973 – 1989: Los Años del Gobierno Militar

    El 11 de septiembre de 1973, el embajador René Frías estaba de vacaciones en Chile. Solo pudo regresar varios meses después del golpe de Estado para recoger sus cosas, porque el gobierno militar ya había designado otro embajador, José Navarro Tobar, un profesor universitario y el único embajador civil nombrado durante los años del general Pinochet. “Entonces vino una verdadera bandada de chilenos exiliados. Eran de izquierda, la mayoría socialistas, profesores universitarios, médicos, artistas, actores, bailarines de ballet, y escritores, que fueron acogidos por la Universidad Nacional de Heredia y que con el tiempo destacarían por su fomento a la cultura y las artes costarricenses. La colonia chilena quería que el cónsul Bernardo Gómez recibiera el rango de embajador, pero las autoridades militares optaron por Navarro Tobar y designaron un nuevo cónsul. Entonces esta parte importante de la colonia chilena se marginó de las actividades de la embajada, cortó relaciones y creó sus propias asociaciones para protestar contra el gobierno militar”, señala Abarca al recordar los efectos del golpe militar.

    El año ’73, la Embajada de Chile se mudó durante tres años a otro edificio del centro de San José. El “Edificio Primavera” en Avenida Central –hoy el boulevard peatonal- a una media cuadra de la Plaza de la Cultura y el Teatro Nacional. El edificio era un poco más moderno, pero la capacidad económica aún era deficiente, por lo que seguían compartiendo la tercera planta con la Orquesta Sinfónica Nacional y una oficina de explotación minera.

    Para escapar de las protestas en pleno centro de San José, de las declamaciones en el Teatro Nacional y de la quebrazón de vidrios, la Embajada de Chile se traslado en 1976 al Barrio Escalante. Por primera vez ocupaban un inmueble sin compartir con otras instituciones o negocios. Era una casa habitación con dos plantas ubicada a 150 metros al norte del Restaurante Bagelman’s.

    “¡Craso error!, las protestas se trasladaron hasta el barrio Escalante, los ventanales quebrados y la pintura roja en las paredes era el resultado de las manifestaciones contra el general Pinochet, especialmente cada 11 de septiembre”, señala Abarca. “En esa casa estuvimos 6 años y en 1981, el gobierno militar compró la primera sede propia, una casa de una planta en el barrio Dent, de la Subaru 200 metros al norte”.

    Durante los 16 años de gobierno militar, la embajada de Chile en Costa Rica estuvo encabezada por 5 generales en retiro de las Fuerzas Armadas: Juan Alegría Valdés, Mario Vivero Ávila, Gabriel Pizarro, Pedro Palacios Cameron y Jorge Veloso Bastías.

    En esos años, Jesús Abarca se separó y obtuvo la custodia de sus hijas, Marta y Carolina, y se casó de nuevo con Zeidy Ovando, su actual esposa, a quien conoció en la Joyería Escribá y González donde llegaba a cambiar los dólares. Al finalizar el gobierno militar, nació su tercera y última hija, Pamela.

    El año 1989, en Chile la opción “No” ganó el Plebiscito y Aylwin fue electo presidente a fines de ese año. El embajador era el general de Carabineros Jorge Veloso Bastías.

    “Los diplomáticos sabían entonces que todos tenían que dejar la embajada, pero nosotros, los empleados, no sabíamos que iba a pasar, si el nuevo presidente nos quitaba a todos por trabajar con militares o no, nos sentíamos con una pata adentro y una pata afuera… al final, no pasó nada y seguimos”, recuerda.


    1990 – 2010: Los años del retorno a la democracia

    Al retornar Chile a la democracia, Jesús Abarca ya tenía 41 años de edad y casi 27 años trabajando en la Embajada de Chile. Entre 1990 y 2010, sumaría otros 20 años como empleado público, 4 gobiernos completos: Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruíz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet y acompañando la gestión de 6 embajadores: Jaime Moreno Laval, Anibal Palma, Edmundo Vargas, Guillermo Yungue, Germán Guerrero y Gonzalo Mendoza.

    Recuerda que en estas dos décadas, los principales hitos fueron la designación de la primera agregaduría comercial con Claudio Vásquez, el inicio de la negociación del TLC Chile – Costa Rica, la apertura de la oficina comercial de ProChile  con Leonardo Banda y Mariela Díaz, la visita del presidente Eduardo Frei para la firma del acuerdo comercial y la visita de la presidenta Michelle Bachelet para la suscripción del Acuerdo Integral de Asociación entre Chile y Costa Rica.

    Entre los momentos tristes, el único hecho que recuerda es la tragedia del 27 de julio del 2004. A las 15.45 horas de ese día, el guardia civil Orlando Jiménez, encargado de custodiar la sede diplomática, ingresó a matar en un estado aún incomprensible a tres chilenos que trabajaban en la casa del barrio Dent: Rocío Sariego, Christian Yuseff y Roberto Nieto.

    “Es un hecho muy triste del cual no me gusta acordarme –precisa Abarca- pero se que siempre cada 27 de julio, los medios de comunicación recordarán lo que pasó y debo acostumbrarme, porque siempre me preguntan… ¿qué fue lo que pasó? Y ¿usted estaba allí?... Sí, a las 3 y media de la tarde yo salí a la ferretería a comprar un cordel de nylon para colgar los afiches de una actividad cultural que se iba a realizar esa misma noche en la embajada. Cuando abrí la puerta, en ese mismo momento entró el policía armado. No me llamó la atención, eso era algo habitual, porque ellos entraban a tomar café o a calentar su almuerzo… cuando iba caminando a la ferretería escuché una detonación, la gente que trabajaba en una óptica salió a la calle, pero todos creímos que había sido el estallido de un transformador de luz. La Ferretería estaba junto al Automercado Los Yoses, a unas dos cuadras de la embajada, por lo que me ausenté solo unos 5 minutos. Al regresar se me tiró un cuidador de autos encima, me abrazó y me dijo ‘Chuzito, no entre porque adentro están volando plomo’. Me quedé en la acera, ya nada se podía hacer. Allí me quedé, junto al agregado cultural Gustavo Becerra quien también venía regresando a la embajada, mientras tanto comenzaban a llegar las patrullas”.

    El año 2006, el Gobierno de Chile decidió vender la sede del barrio Dent. Nadie quería ni tampoco podían trabajar allí, el inmueble estaba marcado por los recuerdos de esa fatidíca tarde. Así fue como el 18 de septiembre del 2006 se inauguró la nueva embajada de Chile en el barrio Los Yoses. La nueva sede fue emplazada en la casa que servía como residencia de los embajadores. En su remodelación se utilizaron materiales nobles: maderas costarricenses y cobre chileno, manteniendo las líneas arquitectónicas del tradicional barrio residencial.

    El pasado 5 de abril del 2010, Jesús Abarca, cumplió 46 años y 11 meses como funcionario de la Embajada de Chile y se acogió voluntariamente a la jubilación. Entró como un niño con casi 15 años y salió “abuelo” con casi 62 años.

    En las paredes de su casa, junto a muchos recuerdos de Chile, ocupan un lugar especial la Condecoración Bernardo O´Higgins por servicios prestados a Chile en el grado de Caballero impuesta el 22 de octubre de 1986 y la misma condecoración en el grado de Comendador concedida el 2 de septiembre de 1997.

    Sin embargo, pese a su edad y los años recorridos, Jesús sigue con el espíritu jovial de siempre. Conversador, inquieto, no puede dejar de trabajar. Hace poco más de 10 días, el 8 de mayo, encabezó el ejército de saloneros que atendió a los presidentes y dignatarios extranjeros que asistieron a la ceremonia de cambio de mando en que asumió la primera mujer Presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla.

    Tampoco puede olvidar a la embajada a la que sirvió por casi 47 años. Así, de vez en cuando, pasa a la embajada de Chile, a visitar a sus compañeros de trabajo, a comerse una empanada o simplemente a tomar un café….  Quizás porque Jesús Abarca aunque se fue, no se irá nunca; porque es parte de la historia de la embajada de Chile; porque aún siendo costarricense, se siente “más chileno que los porotos”… o, porque como solían bromear sus compañeros de trabajo en la embajada de Chile, “Jesús Abarca es parte del inventario”…


    Fotografías:

    Foto 1: Jesús Abarca Barquero (62 años), el costarricense que se convirtió en el empleado público con más años al servicio del Estado de Chile. Tras 46 años y 11 meses, trabajó junto a 16 embajadores y 9 gobiernos. Atrás, la actual embajada de Chile en Costa Rica.

    Foto 2: En 1963, a los 15 años, cuando comenzó a trabajar en la Embajada de Chile, durante el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez. Fotografía tomada en “Foto Martínez”, frente a Iglesia La Dolorosa y cerca de Clínica Bíblica.

    Foto 3: El 18 de septiembre de 1966, a los 18 años, leyendo el discurso ante el monumento a O´Higgins con la presencia de la comunidad chilena. Aún no había embajador designado y ejerció las actividades protocolares casi como embajador de facto.  “Todo era así a la chacota como decimos en Chile”, recuerda Abarca.

    Foto 4: El 18 de septiembre de 2009. Su última fotografía como funcionario ante el mismo monumento a O´Higgins en el Parque Morazán.

    Foto 5: El embajador Edmundo Vargas le impone la Condecoración Bernardo O´Higgins -por servicios prestados a Chile- en el grado de Caballero el 2 de septiembre de 1997. Junto a ellos, sus amigos, el comerciante chileno Carlos Montero Loyola y el doctor costarricense Eduardo Bejarano.

    Foto 6: El día de su despedida, el 30 de abril de 2010, con su familia; el embajador Gonzalo Mendoza y el staff en pleno de la Embajada de Chile en Costa Rica.

    Foto 7: El 8 de mayo de 2010, encabezó el ejército de saloneros que atendió a los presidentes y dignatarios extranjeros que asistieron a la ceremonia de cambio de mando en que asumió la primera mujer Presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla.

     

    Los Gobiernos y los Embajadores para los que trabajó Jesús Abarca (1963 – 2010)

    Años Gobierno

    Gobierno

    Embajador

    1963 - 1964

    Jorge Alessandri Rodríguez

    Manuel Tello

    1964 - 1970

    Eduardo Frei Montalva

    Edgardo Barrueto

    1964 - 1970

    Eduardo Frei Montalva

    Enrique Rodríguez

    1970 - 1973

    Salvador Allende Gossens

    René Frías

    1973 - 1974

    Militar – Junta de Gobierno

    José Navarro Tobar

    1974 - 1990

    Militar - Augusto Pinochet Ugarte

    Juan Alegría Valdés

    1974 – 1990

    Militar - Augusto Pinochet Ugarte

    Mario Vivero Ávila

    1974 – 1990

    Militar - Augusto Pinochet Ugarte

    Gabriel Pizarro

    1974 - 1990

    Militar - Augusto Pinochet Ugarte

    Pedro Palacios Cameron

    1974 - 1990

    Militar - Augusto Pinochet Ugarte

    Jorge Veloso Bastías

    1990 - 1994

    Patricio Aylwin Ázocar

    Jaime Moreno Laval

    1994 - 2000

    Eduardo Frei Ruíz-Tagle

    Aníbal Palma

    1994 - 2000

    Eduardo Frei Ruíz-Tagle

    Edmundo Vargas

    2000 - 2006

    Ricardo Lagos Escobar

    Guillermo Yungue

    2000 - 2006

    Ricardo Lagos Escobar

    Germán Guerrero Pavez

    2006 - 2010

    Michelle Bachelet Jeria

    Gonzalo Mendoza Negri

         2010 -    

    Sebastián Piñera Echeñique

    Gonzalo Mendoza Negri

     

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