Página principal

Viernes 19 de Septiembre de 2008

Personajes:

TÍA LIDIA: “ORGULLOSAMENTE CHILENA”

Al celebrar nuestras Fiestas Patrias, destacamos a “una chilena que ha hecho Patria en Costa Rica”. La Tía Lidia es un símbolo de la chilenidad.

Pocos conocen quién es Elidia del Carmen Faúndez Riffo, pero en la colonia chilena residente en Costa Rica, todos saben quien es la “Tía Lidia”, una verdadera institución dentro de los más de 3 mil chilenos avecindados en este país centroamericano. La Tía Lidia se ha hecho famosa por sus empanadas, aunque como dice ella misma “tiene buena mano también para el pastel de choclo, las humitas, las pantrucas y la comida chilena que le pidan”.

 

Elidia del Carmen ha sido durante varias décadas una de las principales proveedoras de nuestra comida típica para las familias de chilenos que viven en Costa Rica, también ha fomentado el gusto por nuestra gastronomía entre los costarricenses. Sus empanadas llegaron incluso a la Casa Presidencial, donde regularmente le dejaba un pedido semanal al presidente Oscar Arias Sánchez. “Llegaba con mi canastito y su señora Margarita suspendía todo para recibirme el pedido”, recuerda.

La Tía Lidia nació el 22 de diciembre de 1922, en la sureña localidad de Contulmo, en la provincia de Arauco. Este año cumplirá 86 años y se reconoce como “una veterana”. “Si tengo un carnet que dice 2 millones y tantos…no conozco a nadie que tenga esa numeración”, comenta risueña. Dice que “no tiene pensión, ni previsión, ni casa propia”, que ahora “le da miedo enfermarse”, que sueña con que la Presidenta Bachelet, “que también es una mujer sufrida se compadezca de mi y me ayude a obtener una pensión para poder vivir tranquila mis últimos años”.

Esta esforzada mujer nos recibe en su casa de San José, un pequeño departamentito en el centro de la capital costarricense, en un edificio muy parecido a una vecindad mexicana. No tiene timbre y se llega “dateado” para comprar empanadas o “lo que le encarguen”. Así que hay que gritarle desde la calle para que abra la puerta “aunque ahora está un poquito sorda”, dicen sus asiduos compradores.

 

“Toda mi vida me ha gustado vivir sola, pagar mis cosas con mi trabajo, desde chiquitita cuando tejía y bordaba y aquí desde que llegué sin tener nada que me las arreglo solita. Aunque ahora estoy más sola”. La Tía Lidia vivió hasta los 26 años con sus padres en un campo de Ilicura y en Contulmo, hasta que se murió su madre, María Riffo Flores. Su padre Fulgencio “armó otra familia”, así que se fue a vivir con “Doña Gume” -su hermana Gumercinda- a Concepción.

Hoy ya no tiene familia directa, sus cuatro hermanos murieron: Carlos a los diez años, Exequiel “murió de un ataque en la calle en Curanilahue”, “la Hortensia se murió en Potrerillos” y “Doña Gume”, con quien vivió en Concepción y Costa Rica, se murió hace más de diez años.

La Tía Lidia estudió hasta sexto año, “así era en el campo en esa época, uno tenía que empezar a trabajar para ayudar en la casa”. Hoy dice sentir orgullo que “en Chile tenemos mujeres doctoras, generales y hasta una Presidenta”. Desde los doce años se especializó en tejido, costura y bordado. ”Hacía mantelería, juegos de té que usaba mucho la gente de clase media” y solo en Costa Rica se dio cuenta que tenía “buena mano para la cocina”.

 

Recuerda que llegó a Costa Rica “de pura carambola el 74”, a los 52 años, y aunque el año puede inducir a confusión, aclara que “no llegué exiliada, sino de turista”. Elidia del Carmen y su hermana Gumercinda llegaron invitadas por un hijo de “Doña Gume”, el periodista Eugenio Orellana quien vivía en Costa Rica, desde el 70’ como parte de una misión evangélica llamada “La Caravana de Buena Voluntad”. No tiene empacho en decir que venía de “vacaciones”, aunque su temporada como “visita” en la casa de su sobrino en Los Sauces se extendió por cuatro años y medio.

En 1978 se aburrió y se volvió a Chile, pero reconoce que, “después de 8 meses en Concepción, no me hallé y dije voy a volver a Costa Rica”. “Así que me puse en campaña, y sin decirle a nadie, junte platita y pagué la prima del pasaje que costaba 800 dólares en una agencia de turismo en Concepción”. Agrega que el pasaje lo compró a crédito con el aval de Eugenio Rivera, que trabajaba en Radio Araucanía, pero no lo “deje clavado”. “Yo le mandaba la plata todos los meses hasta que pagué toda mi deuda, porque no me gusta deberle plata a nadie”.

Así, la Tía Lidia volvió a Costa Rica “sin avisarle a nadie”. “Desde el aeropuerto llamé a mis sobrinos para que me fueran a buscar” y aunque volvió con ellos a su casa en Lourdes, aclara que “yo quería vivir sola y al poco tiempo encontré este departamento, que habían dejado dos gringas que eran misioneras evangélicas que trabajaban en la Clínica Bíblica”.

Sin embargo, se instaló en su departamento sin tener nada “yo soy muy orgullosa así que no acepté ayuda de mis sobrinos”. Dice que compró una cocina usada en Desamparados por 7 mil colones que encontró en los clasificados de La Nación y el Doctor Chavarría, uno de sus clientes, “me regaló la cama”.

 

Hoy entrar a la casa de la Tía Lidia es como entrar a un pedazo de Chile en pleno centro de San José. En sus paredes están los platos de cobre grabados con el escudo nacional, el mapa de Chile, el huaso, Isla de Pascua y el campanil de Concepción. Sobre sus muebles destacan los servilleteros de madera pintada con copihues, mates pintados de Temuco, artesanías de Pomaire y Quinchamalí, recuerdos de Laraquete. Las fotografías y los cuadros…todo recuerda a Chile. Cerca de su tocadiscos están los viejos long plays de Inti-Illimani, Los Huasos Quincheros, Tierra Chilena, Los Cuatro Cuartos y Violeta Parra. Para que decir de la mesa…pan amasado, empanadas, chancho en piedra…. “Así, como ve, siempre me acuerdo de Chile, uno siempre añora su país. Yo soy una mujer orgullosamente chilena. Así nací y así voy a morirme”, precisa.

 

La Tía Lidia se hizo conocida por sus empanadas, las vendía en el Colego México, en el Hospital San Juan de Dios, en la Clínica Bíblica, en la Embajada de Chile, a familias chilenas y costarricenses que empezaron a hacerle pedidos…ya en 1987 le vendía al propio presidente Arias. Después comenzó a dar pensión completa a jóvenes que estudiaban teología en el Seminario Bíblico y almuerzo a empleados del ministerio de Justicia y la Contraloría.

Recuerda que en 1994, “Don Gastón Ramírez fue el último pensionista… Ahora ya no doy pensión porque estoy muy mayor, no tengo tantas fuerzas, aunque sigo cumpliendo con mis pedidos. Los chilenos no me olvidan, sobre todo los fines de semana cuando me encargan más empanadas”. Aclara que ahora con la disminución de los ingresos “pasa apuros con la plata” y que un familiar, Eugenio, la ayuda a pagar el alquiler.

La Tía Lidia a sus 85 años es un símbolo de la chilenidad en Costa Rica. Estudió hasta sexto básico, no tiene una profesión, no es empresaria, pero todos la quieren y la conocen, porque ha mantenido viva las tradiciones y ha ayudado a otras familias de chilenos a recordar y querer a su país.

Elidia del Carmen Faúndez Riffo, que más da, “Tía Lidia”, “orgullosamente chilena”.


Se Adjuntan Fotografías:

1. Tía Lidia, “orgullosamente chilena”

2. Tía Lidia frente a su casa en el centro de San José.

3. Elidia del Carmen Faúndez Riffo llegó a Costa Rica el año 1974

 

 

 

más noticias

 
ir arriba   

 

Teléfonos: Consulado (506) 2224.4243 / Embajada (506) 2280.0973 - 2280.0037 / Prochile (506) 2224.1547 / Fax: (506) 2283.4365
Dirección: Los Yoses, del Automercado 225 metros al sur. San José, Costa Rica
Apartado Postal: 10.102-1000 San José / Correo electrónico: info@embachile.co.cr

 

diseño